24 ene 2012

De Hume a Kant pasando por los utilitaristas

Seguimos nuestro viaje por las distintas teorías éticas. Nuestros nuevos invitados viven inmersos en la optimista época de la Ilustración y cada uno, a su manera, trata de ofrecer una propuesta para que la libertad y la dignidad  sean, por fin, una seña de identidad inseparable de un ser humano al que conciben dotado tanto de razón como de la suficiente sensibilidad para ocuparse y preocuparse por los demás.

Empezaremos haciendo un recorrido por los rasgos básicos de la Ilustración para después adentrarnos en la sugerente y revolucionaria propuesta de David Hume.


Y ahora le toca el turno al entrañable David Hume, abanderado de la simpatía como motor de la convivencia social y defensor de una moral derivada de las emociones que nos incitan a actuar.



Aunque en parte coinciden con Hume, los utilitaristas (sobre todo, Jerremy Bentham y John Stuart Mill) son un grupo de pensadores que se centraron en la relación entre lo útil y lo bueno desde una perspectiva social, es decir, haciendo hincapié en que toda conducta humana ha de situarse en una matriz social, que es la que la fundamenta y da pleno sentido.


Y como muestra divertida y fresca de las tesis utilitaristas, os dejo la letra y música de la canción "Cálculo Utilitarista" del grupo español Guatafán:

Esta noche he pensado que haré
Un cálculo utilitarista para ver
Los dolores y placeres que tendré
A lo largo de mi vida, ayúdame
El desequilibrio en la balanza era por él
El dolor pesaba tanto que el placer
Apenas lo disfrutaba y ahora sé
Que esta es la mejor salida, quédate

Porque contigo mi balanza ahora está en equilibrio
Cantidades iguales de armonía y felicidad
Y a tu lado sus miserias se nos han olvidado
Me has subido a tu olimpo y aquí nadie podrá llegar

Ahora sé que todo se pudo evitar
Fue mi falta de responsabilidad
Pero me ha servido para valorar
Todo lo que cada día tú me das
No más tardes decidiendo en su portal
Los mensajes que nunca debí enviar
Un instante y la balanza fue a cambiar
Y era por que tu acababas de llegar

Porque contigo mi balanza ahora está en equilibrio
Cantidades iguales de armonía y felicidad
Y a tu lado sus miserias se nos han olvidado
Me has subido a tu olimpo y aquí nadie podrá llegar

Porque contigo mi balanza ahora está en equilibrio
Cantidades iguales de armonía y felicidad




Y, por último, el gran pensador de la Ilustración, Inmanuel Kant, que desarrolló una teoría ética centrada en la buena voluntad, el deber y la dignidad humana por encima de todas las cosas.





Y, por qué no, también Kant se merece una buena canción, "Una de Kant (y otra de arena)", del grupo murciano La momia que habla:



Me cuentan
historias de violencia,
de la enésima guerra
que no hizo falta empezar.

Parece
que esperan algún mesías:
superstición y mentira
¿quién los tiene que salvar?

Me dicen
que ya no queda gente honrada
que mantenga la mirada
cuando se trata de hablar.

Es un trabajo ambicioso,
sin sueldo y sin horario:
se trata de sobrevivir
al próximo telediario.

No es difícil de entender:
consiste en actuar
como si a tu alrededor
viviera alguien más.

Me cuentan
que han matado a otra mujer
que apenas si lo pudo ver
llegar con el puñal.

Me entero
que han estafado a nosecuantos;
los ladrones de cuello blanco
consiguieron escapar.

Les ruego
que tomen nota de esto,
y si no que vayan leyendo
alguna cosa de Kant:

Obra sólo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal"
Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca meramente como un medio".
(Principio Categórico; I. Kant)

Y, para rematar a Kant, os dejo el excelente vídeo del profesor Jesús Palomar, en el que realiza una reflexión sobre la ética kantiana (sobre todo, en la primera parte del vídeo) en torno a la relación entre los fines y los medios elegidos para llevar a cabo una acción cualquiera.




Ha llegado la hora de la acción: os propongo que analicéis el siguiente dilema (a ver quién es el bonito/a que es capaz de abrir la puerta de su casa a un asesino...):

¿Podemos mentir para salvar a un amigo de un asesino?


El problema es el siguiente: un amigo llama a la puerta de tu casa pidiéndote entrar por un motivo imperioso y accedes a que entre. A los pocos minutos, estando tu amigo aún bajo un extraño shock nervioso, llama a tu puerta un señor con un cuchillo de carnicero de quince centímetros en su mano y te dice:

- Por favor, necesito encontrar a tu amigo porque siento el irrefrenable deseo de perforar sus órganos vitales con este arma blanca hasta causarle la muerte ¿está en tu casa?  
 
La pregunta que Kant se plantea en esta situación es ¿debemos mentir o decir la verdad al señor del cuchillo? Lógicamente pensarás, lector, que tu obligación sería negar que tu amigo estuviera en casa y evitarle ese peligro ya que el mal que cometes, mentir, es incomparablemente menor que el mal que evitas, la probable muerte de tu amigo.



    Esto es lo que pensaría una persona normal pero hagamos un esfuerzo por entender la perspectiva filosófica del asunto. Si admites que mentir en esta circunstancia está bien deberíamos admitir que hay circunstancias análogas en las que mentir sería correcto, de hecho sería correcto mentir en todas las circunstancias en las cuales el mal moral que se comete al mentir fuera menor que el mal que ocurriría si no se mintiese. Esto es algo que mucha gente piensa y una guía de conducta muy usual, también es esta la razón por la que la mentira es una falta moral que no es tan censurada como otras pero ¿es esto éticamente correcto? ¿mentir si se evita un daño nos dota de una norma moral cierta por la que poder guiarnos? ¿cómo juzgar cuando podemos o no podemos mentir? 


Claro, si depende del que miente las circunstancias que justifican la mentira son muy diversas pero creo que comprenderás que no siempre coincidirán con el que sufre la mentira. Un ejemplo: tengo graves problemas económicos y una familia a la que alimentar, por razones diversas estoy prácticamente en la ruina pero aún dispongo de fondos para mantener precariamente a mis hijos. Llega una persona que me prestó dinero y me solicita que le devuelva el dinero como me comprometí, la cantidad que le debo es justamente la que tengo guardada para alimentar a mis hijos ¿es ético mentir y decir que no tengo este dinero? ¿Cómo evaluar el grado de necesidad del prestamista frente a mi? No sé nada de su vida o de sus necesidades ¿depende el mentir o el decir la verdad de si él tiene o no tiene hijos que alimentar? Si decir la mentira depende de los beneficios que esa mentira puede ocasionarnos es evidente que abrimos una peligrosa caja de Pandora y la confianza entre las personas se vería fuertemente menoscabada. 

    Esta es la razón por la que Kant se niega a admitir que podamos mentir ni siquiera en el caso que sea para salvar a un amigo de un asesino. Si admitimos que a veces se dice la verdad y a veces se miente ¿es factible vivir en sociedad? ¿es factible el orden moral? Nadie en su sano juicio, argumenta Kant, querría un mundo ni un orden moral de este tipo en donde el cumplimiento de las promesas o los datos que te facilitan otras personas estuviesen a expensas de una valoración tan subjetiva.

    La ética de Kant sostiene que el acto moral tiene valor en sí mismo, no en sus consecuencias. Si un médico cura a un enfermo y ese enfermo mata a una persona al día siguiente ¿es responsable el doctor de ese crimen? Claramente no, la obligación, el deber del doctor es auxiliar a quien lo necesita independientemente de quien sea e independientemente de las consecuencias que tenga el cumplir su obligación ¿sería viable un mundo en donde la gente salvase o no a otras evaluando si son buenas o malas y sus futuros comportamientos? Lógicamente, no.

    Por todo lo anterior Kant argumentaba en su opúsculo “Sobre un presunto derecho a mentir por filantropía” que no deberíamos nunca mentir fueran cuales fueran las circunstancias ni los sentimientos que nos impulsaran a ello. Cumplir el deber moral no es algo fácil, quizás imposible, pero si lo cumplimos es en cuanto somo seres racionales no en cuanto somo seres impulsados por intereses. El mismo nivel de exigencia moral que exige Kant para que no mintamos lo exigirá para que defendamos a nuestro amigo de las garras del criminal incluso con nuestra propia vida porque las consecuencias de cumplir nuestro deber de ayudar al que lo necesita no condicionan en lo más mínimo nuestra obligación moral aunque estas consecuencias sean nuestra propia muerte.

    La respuesta que le tendríamos que dar al asesino sería algo así como:
     - Señor asesino le informo que efectivamente mi amigo se encuentra en esta vivienda pero comprenderá que no puedo permitirle pasar a menos que deponga su desagradable actitud.

 Bueno, hoy hemos aprendido que si nos persigue un asesino no debemos escondernos en casa de ningún lector de la “Crítica de la Razón Práctica”... y que digan que la filosofía no sirve para nada.









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